Atrevámonos profesores. Ya no valen los docentes de antes para los jóvenes de hoy

Actualizado: jul 24

“En la sociedad que nos toca vivir, los conocimientos que adquieren los docentes en la etapa de formación inicial tienen fecha de caducidad. No podemos seguir aspirando que la formación inicial nos dote de competencias para toda nuestra vida profesional activa. Por el contrario, tanto por la aparición constante de nuevas ocupaciones y profesiones, como por el incontenible avance de conocimientos, se requiere de las personas –de los ciudadanos– una actitud permanente de aprendizaje.” (Marcelo y Vaillant, 2012: 20)


Nunca ese concepto de necesidad de apertura a un aprendizaje constante en una sociedad cambiante fue tan evidente. En Empresarios por la Educación planteamos en nuestros ejes estratégicos la #formacióndocente a lo largo de la carrera, a través de certificaciones, como un valioso paso adelante en el camino a una mejor docencia que resulte en una educación de calidad por Guatemala. Conscientes de la velocidad de la evolución del contexto del siglo XXI, apoyamos la necesidad de establecer un sistema de certificación y formación para docentes en servicio, para despertar la conciencia acerca de los límites de los saberes profesionales en el tiempo. 


La llamada nace de la evidente necesidad de Guatemala de contar con un sistema educativo que disponga de un cuerpo docente con las competencias necesarias para que los estudiantes logren los aprendizajes esperados en el siglo XXI. Los docentes están preparando a los alumnos para su futuro, no estamos hablando del pasado en cual recibieron su formación inicial y tampoco del presente de esos niños y jóvenes. El escenario actual nos hizo ver claramente que había una falta de visión, pues no estábamos preparados para ofrecer las competencias que se demostraron clave en una situación de educación a distancia en el 2020. La formación docente ofrecida antes de la pandemia en algunos casos se disociaba de la realidad educativa y social en continua evolución y se resistía al cambio e innovación.


Por eso ahora nos encontramos con carencias en las herramientas docentes en enfrentar un cambio tan de repente. Competencias como flexibilidad, apertura al cambio, creatividad, identificación de contenidos relevantes para los estudiantes, utilización de metodologías innovadoras, con el eventual apoyo de la integración de tecnología, se revelaron fundamentales y ganadoras. Urge que los docentes sean motivados a adquirir nuevos conocimientos y a no temer al cambio, así como a deshacer lo bordes de las formas mas tradicionales a las cuales estamos anclados para abrirnos a mezclarlos a nuevas metodologías y formatos. De hecho, en el caso específico del proceso de certificación docente, un número creciente de sistemas educativos lo han implementado para fortalecer su calidad enfocándose en mejores competencias de sus docentes y así en su habilidad en garantizar el aprovechamiento académico de sus estudiantes (Darling-Hammond, LaFors y Snyder, 2001)


Sin embargo, sabemos que apuntar a una educación de calidad en el contexto actual implica no solamente docentes con una mejor preparación, si no también un cambio de visión a largo plazo de la educación y la profesión docente. Consideramos de hecho que un componente clave para el progreso educativo es la valoración de la profesión docente. Tenemos que entender y dar a conocer que la profesión docente y el sistema escolar representan la estructura base de donde empieza el crecimiento económico y la transformación social del país formando a los ciudadanos del futuro.


Actualmente por la realidad que se vino presentando años atrás, se identifica el sistema educativo con infraestructuras limitadas, negligencia, carencias y docentes mal preparados. Muy poco se elogian los logros y potenciales del rol del docente en las vidas de los niños y jóvenes desvalorizando la percepción de esta profesión. Muchos profesores hoy están haciendo lo que pensaban imposible, que no se atrevían a intentar o que tampoco conocían. Si valoramos la educación, el profesorado y su formación, estaremos invirtiendo el círculo vicioso que ahora impide al sistema educativo guatemalteco progresar, innovarse y contar con docentes competentes y motivados. Ser profesor nunca será atrayente para los jóvenes mas preparados si no valoramos la profesión a nivel social. No reconocemos el lado heroico en contextos vulnerables y de riesgo y no damos importancia a una actualización de docentes de calidad, ya que representan la influencia más importante en el logro estudiantil (Hattie, 2008). Algunas de las claves para llegar a obtener docentes profesionales son: una formación inicial docente de alto nivel y alineada con las exigencias del contexto del siglo XXI, el reconocimiento social, la creación de oportunidades de crecimiento profesional con un sistema meritocrático de incentivos (incluyendo salarios e incentivos monetarios), y en fin la indispensable provisión de adecuadas infraestructuras físicas y digitales donde poder trabajar.


Además, en Guatemala es fundamental tener bien claro la existencia de desigualdades en diseñar nuevas propuestas y oportunidades formativas para docentes, en vista de las necesidades que se evidenciaron con la pandemia. El objetivo en promover una formación docente actualizada es mitigar la diferencia entre áreas rurales y urbanas, así como centrales y semi urbanas de las ciudades. No son nuevas las dificultades de acceso a información, de falta de disponibilidad de recursos, de herramientas actualizadas y de conectividad en esas áreas. Esas carencias generan discriminaciones profundas y crean brechas que, como se evidenció con las herramientas para educación a distancia, serán siempre mas grandes al progresar de la sociedad. El hecho de no tener acceso a oportunidades de formación y aprendizaje adecuados gracias también a profesores preparados crean limites en la base del desarrollo individual de niños y jóvenes que se perpetúan a lo largo de toda la vida, reflejándose a nivel social.


En conclusión, es fundamental para progresar en educación que todos los docentes cuenten con la oportunidad de acceder a una formación continua, de calidad y sin distinciones. Eso permite que todos los alumnos de Guatemala puedan aprender con docentes que fomenten sus conocimientos, que tengan herramientas para mitigar desigualdades y crean entornos seguros, estimulantes y saludables. Que exploren el mundo de la enseñanza a través de diferentes metodologías y formatos alineados con las competencias que se esperan de los jóvenes al salir en la sociedad. Si de la crisis que estamos viviendo no aprendemos y todo sigue de la misma manera sin ofrecer oportunidades de actualizarse a los docentes, de contar con herramientas adecuadas para la sociedad futura, con pocos jóvenes que escogen ser profesores y por la mayoría no por dedicación, no hay oportunidad de formar a los mejores docentes con el perfil requerido. En consecuencia, la educación se quedará estancada, empeorada, con enormes brechas y de baja calidad. De esa marea brutal que nos inundó de repente afectándonos profundamente esperamos recoger las lecciones aprendidas y nuevas competencias aparecidos como tesoros dejados una vez que se regrese a su lugar.






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